Un Viejo Amigo

por Justin Loke

Empecé la mañana leyendo el capítulo 9 de Tomás Nevinson de Javier Marías y me llamó la atención su descripción de María Viana: los hoyuelos apenas perceptibles y la manera en que su mirada camina por la línea fina entre el asomo de un hombre libidinoso y el retrato elegante de la belleza de una persona. Espero que hoy el estudio y la lectura puedan compensar lo de ayer, que se perdió entre distracciones relacionadas con el “business” (asi “busy”) y el desgaste inevitable de la gestión de personas.

Un viejo amigo de la escuela primaria me envió un vídeo en el que se improvisaba un motivo floral sobre un objeto, celebrando la habilidad y la espontaneidad del gesto, y afirmando que esa habilidad era un arte.. Estuve tentado de responder que se trataba de artesanía y no de lo que él llamaba arte, pero preferí callar, sabiendo que en otro contexto podría invocar esa misma artesanía como antídoto frente al charlatanismo de ciertos artistas conceptuales, y quizá incluso reivindicarla, no sin ironía, con respeto a William Morris.

Pero ¿es acaso mayor insulto callar, porque supone ignorarlo, o decirlo con franqueza para mostrar hasta qué punto nuestros caminos se han separado, algo que ya hice antes, sabiendo además que él es más bien antiintelectual? Siento el impulso de escribirle sin rodeos: “esto es artesanía y no me interesan las artesanías, por si no lo sabías”, o bien responder de forma neutral: “Sí, hay mucha habilidad en ese tipo de hacer”. Algo parecido ocurre con su gusto musical y su admiración por los solos de guitarra líder de los años ochenta, que ya no me impresionan y que percibo como cosas propias de la adolescencia. ¿Es la sinceridad y la honestidad, incluso hacia un viejo amigo, algo que ahora viene acompañado de tanta vacilación? Tal vez la vacilación no indique falta de honestidad, sino la conciencia de que decir la verdad ya no produciría ningún encuentro.

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